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Entrevista a J J VARGAS-IGLESIAS coordinador de la obra ” Los héroes están muertos”

Entrevista a J J VARGAS-IGLESIAS coordinador de la obra “ Los héroes están muertos. Heroísmo y villanía en la televisión del nuevo milenio” de Dolmen

“El viaje del héroe es probablemente la estructura que mejor nos define, como metáfora de la vida y de nuestro lugar en el mundo”

Que las series de televisión son la nueva “alta cultura popular”, es algo indiscutible. ¿Pero está todo dicho de ellas? En “Los héroes están muertos. Heroísmo y villanía en la televisión del nuevo milenio” J J Vargas-Iglesias coordina a un grupo de periodistas, académicos y expertos en la materia que dan un paso más allá en la cuestión de la específica y compleja definición del héroe y el villano en la sociedad posterior a los atentados del 11-S

 

En primer lugar me gustaría agradecer tu tiempo y darte la enhorabuena por tu más reciente obra “Los héroes están muertos. Heroísmo y villanía en la televisión del nuevo milenio” (Dolmen). ¿Cuál es el principal motivo que te lleva a coordinar este libro?

Encantado, gracias a ti. Me lancé principalmente debido a la ausencia de bibliografía al respecto. Es bastante sorprendente, pero hasta el momento en que planteé el proyecto, existían libros sobre las series en general, como fenómeno novedoso, pero no un libro que examinara un factor tan fascinante y cardinal como el de las figuras del héroe y el villano en las series posteriores al 11-S. Inevitablemente las series relacionadas de forma directa con el heroísmo son las más seguidas por el gran público: la del viaje del héroe es probablemente la estructura que mejor nos define, como metáfora de la vida y de nuestro lugar en el mundo. Ese análisis profundo a través de casi 30 series, desde Los Soprano y 24 hasta Breaking Bad, Juego de Tronos y True Detective, nos ha llevado a conclusiones interesantísimas.

J J Vargas-Iglesias
J J Vargas-Iglesias durante la presentación de la obra “Los héroes están muertos. Heroísmo y villanía en la televisión del nuevo milenio”, en Barcelona

En el título de esta colección de ensayos encontramos los términos contrapuestos de “Heroísmo” y “Villanía” ¿Qué significa cada uno de ellos para ti? ¿Por qué has querido plasmarlos en tu libro?

Para mí era importante distinguir “heroísmo” de “héroe” y “villanía” de “villano”. Heroísmo y villanía son sustantivos de cualidad, y por tanto mucho más complejos y abstractos. ¿Puede haber heroísmo en la villanía, o villanía en el heroísmo? ¿Puede ser el heroísmo una forma de villanía, o viceversa? Pero simplificando un poco, la cuestión de la definición de “héroe” y “villano” es realmente espinosa y ha hecho sudar tinta a algunos de los más prestigiosos antropólogos y expertos en narratología de todos los tiempos. Porque la definición en ambos casos escapa a sí misma. Campbell, por ejemplo, decía que un héroe es aquel que subordina el sentido de su vida a algo que está por encima de él, pero ésta es también la definición de un fanático. Finalmente se trata en todo caso de una cuestión de perspectiva. Y no hay que llegar al extremo de pensar “qué habría pasado si Hitler alcanzara el poder”: el cine de los 80 en EEUU, bajo la presidencia de Ronald Reagan, está plagado de héroes cuasifascistas, con Schwarzenegger y Stallone a la cabeza.

El 11-S dio lugar a una política exterior extraordinariamente agresiva por parte de la administración Bush, y los héroes que surgen de aquel momento son una derivación ideológica. Como bien apunta Elisa G. McCausland, una de las autoras del libro, en su análisis sobre Firefly, esta sería la última ficción que relacionaba al heroísmo con la revolución y la esperanza antes de este “periodo oscuro” del heroísmo que actualmente vivimos. Fue cancelada el año 2003, en el momento en que 24, la “serie-Bush” por antonomasia, comenzaba un ascenso imparable que duraría hasta el final de la década. Creo que si algo podemos extraer de esta ruptura es la reformulación de la pregunta “¿qué es un héroe?” en “¿qué significa ser un héroe?”. En esto consiste la complejidad de las actuales series de televisión.

J J Vargas-Iglesias
Portada de “Los héroes están muertos. Heroísmo y villanía en la televisión del nuevo milenio” de J J Vargas-Iglesias. Editorial Dolmen

Me imagino que eres un gran amante de la televisión y en concreto del género de las series, me gustaría saber qué opinas sobre este renacer que están sufriendo y tanto a nivel de espectadores como a nivel de los propios actores, algunos de los cuales, bastante famosos, parecen querer  dejar aparcado el cine para dedicarse a las series. ¿Cuál crees qué es el motivo de esto? ¿Crees que hay una falta de idea generalizada entre los guionistas de películas? ¿Falta de presupuesto?

Recientemente me asaltó una hipótesis y me dio por investigarla. La hipótesis era que hacía demasiado tiempo que no se estrenaba una película que en el futuro pudiera hacerme sentir afortunado de haber visto en cine. Esto que me ocurre ahora con mis estudiantes, cuando digo “Atento todo el mundo, porque yo vi Dentro del Laberinto en cine” y el aula se llena de suspiros. Me puse a buscar y sólo empecé a encontrar alguna película medianamente reseñable hace 5 años. De las recientes sólo podía introducir en ese saco El lobo de Wall Street, y se trata de un guión de hace 10 años. Esto sin duda es un síntoma. La fórmula del cine comercial está agotada, no da más de sí. La serie de televisión viene a tomar el testigo de los dos grandes géneros, el melodrama y la comedia, y lo hace con una capacidad de sofisticación argumental que el cine no puede ejercer en ningún caso. Apenas J. J. Abrams lo ha conseguido en películas como Misión Imposible: 3, en la que prácticamente puede registrarse un punto de giro cada diez minutos… algo inaplicable a otro género que no sea el de acción, claro.

El fenómeno de los remakes iterativos es algo que me fascina: remakes de películas que han sido remakeadas hace apenas unos años, como en el caso de las sucesivas Carries, o La profecía, de la que anuncian ahora un nuevo rodaje cuando ya se hizo un remake en el año 2006. Denota verdaderos problemas creativos, y revela a una industria que va como un pollo sin cabeza y se agarra como puede a lo que considera éxitos seguros. Soy pesimista en cuanto al futuro del cine comercial de calidad, y los grandes nombres parecen darme la razón: en cine David Fincher no hace nada nuevo desde el remake de Millennium de hace 3 años, mientras es productor ejecutivo y director ocasional de House of Cards, y Sam Mendes firma rodajes de películas de James Bond en serie mientras produce Penny Dreadful. Hasta Scorsese, que lleva años perdido si exceptuamos su última película, dirigió el piloto y lleva la producción ejecutiva de Boardwalk Empire. Las series, en líneas generales, lo dan todo igual o mejor, en mayor cantidad y más barato. Es inevitable que se hagan con el gran público.

 

¿Qué elementos debe tener una serie de televisión según tu opinión, para cosechar el éxito hoy en día?

Si me permites, voy a detenerme en la formulación de tu pregunta. Da la impresión de que lo importante es el éxito, ¿verdad? Da igual cómo, a qué precio o por qué, lo importante es gustar mucho a mucha gente, cuanta más mejor. Y en el sentido contrario, por alguna razón asumimos que el éxito también es lo que más interesa a quienes nos leen. Parece el rasero más ecuánime. Al mismo tiempo, la forma en que nosotros consumimos la televisión norteamericana es fundamentalmente a través de internet, y allí no hay rasero ideológico que valga. El consumidor medio de series no se atiene a las líneas editoriales de tal o cual cadena, y le llegan sin filtro títulos con sentidos ideológicos totalmente dispares: podemos consumir una serie de Fox como Fringe, con un sentido muy neocon y folletinesco, y otra de HBO como Juego de Tronos, que carga simultáneamente contra el neoliberalismo y el neoconservadurismo con su metáfora política de Poniente. Y nos pueden encantar ambas.

Alguien que no se plantee el aspecto ideológico de estas series (es decir, casi todo el mundo) las consumirá de forma acrítica, sin entender nunca hasta qué punto está siendo manipulado por ellas. Ambas son series excelentemente elaboradas, con un control exquisito del carisma de sus personajes, apartados técnicos sobresalientes y guiones electrizantes. Pero al final lo único que importa es cuál ha conseguido más éxito, y la que más éxito ha conseguido es Juego de Tronos. ¿No será por tanto que en el fondo todo esto trata sobre propaganda? ¿Tiene más razón quien alcanza más éxito?

Tu pregunta sería tan complicada de responder, que sólo puedo atenerme a una generalidad: creo que lo principal es la autenticidad, la identidad. No nos enamoramos de una persona más, sino de una persona de entre la multitud. Muchos productores no entienden esto y se limitan a copiar fórmulas de éxito, pero los creativos son la clave. No es casualidad que sea precisamente EEUU (el país en el que los guionistas han conquistado una libertad de acción que aquí nos queda a años luz) el referente de calidad en lo que a ficción se refiere. Aunque es evidente que allí también se hacen muchos productos mediocres y aquí sólo nos llega lo más destacable, el hecho de que lo destacable lo sea tanto es algo que a nuestra industria televisiva se le escapa.

J J Vargas-Iglesias
Mario Barranco exponiendo su teoría sobre El Doctor como criatura extraña.

¿Crees que ahora es el momento más claro del anti-héroe? ¿Por qué?

A lo que he mencionado antes sobre las definiciones de heroísmo y villanía puede matizarse algo: no podemos olvidar el hecho de que a lo largo de la historia el concepto general de héroe se ha visto redefinido. No es lo mismo un héroe de las culturas helénica o medieval, que un héroe como se entendía en el Imperio Romano, básicamente un soldado condecorado, un tipo duro y sin demasiada moral. Es interesante, por ejemplo, que el primer antivillano en aparecer en esta edad dorada de las series, Tony Soprano, coincidiera en carácter e incluso origen geográfico con aquel tipo romano, y que el primer antihéroe, Jack Bauer, fuera un soldado al servicio de un imperio.

Nuestra forma de entender el heroísmo es básicamente cristiana y marxista (autosacrificio por un bien comunitario, defensa del débil, creencia en la utopía última que convierte cada derrota en una forma de victoria), y sin embargo el héroe de las actuales televisiones es un héroe nietzscheano, neorromántico, que basa su función heroica en el cálculo consecuencialista. La chispa de ese choque cultural, en un sistema televisivo dominado por el cable como es el estadounidense, en que las televisiones enloquecen por dar al espectador exactamente lo que quiere, por alimentar su orgullo, provoca que el susurro de trasfondo sea siempre el mismo: “mientras consideres que es lo justo, estará bien”. En el fondo es el lado moral del espejo de la conocida máxima empresarial “el cliente siempre lleva la razón”.

                                                                                                                            

¿Se puede ser Héroe y Villano a la vez?

No sólo se puede: de hecho todos lo somos. Creer que alguien es fundamentalmente buena o mala persona es un simplismo que pretende reforzarse desde la publicidad, la prensa mediocre y especialmente desde la propaganda política e institucional, y que nos engaña sobre lo que realmente somos; si algo tienen de especial las actuales series es que apuntan justo en la dirección contraria. Nos ubican en lugares éticos en los que difícilmente podremos encontrarnos en nuestra vida, y eso nos revela mucho de nosotros.

En psicoanálisis se dice que estas situaciones “producen sujeto”, porque no son vivenciadas de forma literal, pero sí de forma lingüística, y el sujeto es puro lenguaje. ¿Alguien tendría el valor de decir que, en las mismas circunstancias que enfrenta Walter White en Breaking Bad, optaría por inhibirse y condenar a su familia a la ruina? ¿Y que una vez iniciado el incendio moral, teniendo en cuenta los precedentes del personaje, no continuaría por la misma senda que él? No creo que exista la persona perfecta, intachable y sin dobleces, y si tal criatura mitológica existiera sería aterradoramente aburrida.

 J J Vargas-Iglesias

¿Cuáles son tus verdaderos héroes? ¿Y tus villanos?

 Esto es algo que también cambia con el tiempo… sin entrar en el tópico de los “héroes anónimos” o incluso de hablar de mis padres (que podría hacerlo, por suerte para mí), recuerdo que cuando empecé a estudiar la licenciatura en Comunicación, los héroes de mi generación eran Álex de la Iglesia, Alejandro Amenábar, Julio Medem, Alberto Rodríguez… ahora los héroes son Pablo Iglesias, Alberto Garzón, Ada Colau… Está claro que el héroe surge como respuesta a necesidades específicas, mientras el villano es, idealmente, quien crea esa necesidad. Si estos son mis héroes, te puedes imaginar quiénes son mis villanos…

J J Vargas-Iglesias
J J Vargas-Iglesias Los Heroes están muertos

J. Tornye

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