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SÓLO LOS AMANTES SOBREVIVEN Crítica de la película de Jim Jarmusch

 SÓLO LOS AMANTES SOBREVIVEN Crítica de la película de Jim Jarmusch

Según la física, el enlazamiento cuántico puede llegar a producirse entre dos partículas gemelas, aunque una se encuentre a miles de kilómetros de la otra: cuando se influye en una de ellas se influye también en su gemela, hay una transmisión de información entre ambas y es instantánea. Como si el espacio físico entre ambas partículas no existiera.

Esto es el entrelazamiento cuántico o conexión cuántica, según la película. Dos elementos que, en algún momento estuvieron unidos, siguen estando de algún modo relacionados. Como el caso de Adam (Tom Hiddleston ) y Eve (Tilda Swinton ) en “Sólo Los Amantes Sobreviven”, que no importa la distancia entre ambos, aunque se encuentren en extremos opuestos del universo. Una conexión que es casi telepática. Una metáfora perfecta, la del enlazamiento cuántico, que nos sirve casi en bandeja la propia película de Jim Jarmusch (Extraños en el paraíso, Ghost Dog o Flores rotas) con su trasfondo histórico-científico-filosófico bajo una apariencia de historia de amor entre dos vampiros.

SÓLO LOS AMANTES SOBREVIVEN Crítica
SÓLO LOS AMANTES SOBREVIVEN

 

Aunque de vampirismo como tal el film tiene poco, más bien nos encontramos ante una historia romántica de dos seres sobrenaturales muy enigmáticos y algo hartos del mundo que los rodea. Él en Detroit, ella en Tánger, ciudades ambas decadentes aunque con cierto encanto a su manera y muy alejadas del glamour que suele acompañar en los últimos tiempos al cine de vampiros y a las películas de vampiros a las que Hollywood nos tiene acostumbrados con chupasangres residentes en Los Ángeles, París o Nueva York, algo que no es casualidad, pues los perfiles (vampíricos) de Adam y Eve son tan rocambolescos y desordenados como las urbes que los acogen.

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Y es que el “joven” vampiro Adam, músico y artista excéntrico, loco coleccionista de guitarras eléctricas, bajos, violines y amplificadores, así como productor de sonido y renegado de la era digital, vive enclaustrado en su peculiar casa de Detroit componiendo música secreta, rodeado por su propia soledad y años de experiencia y sabiduría en el mundo. Misántropo a más no poder su única conexión con la realidad será un rockero quien, a cambio de grandes sumas de dinero, acude a la casa del vampiro de vez en cuando a proporcionarle todas las extravagancias que el ser de la noche le solicita.

 

SÓLO LOS AMANTES SOBREVIVEN
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Sin embargo, su amada esposa, habitante de la ciudad de Tánger, siente y padece lo que a su amado le ocurre en la distancia, ese hastío social y de vivir en el que parece haber caído Adam a lo largo de los siglos. De manera que ni cortos ni perezosos,  y vía iPhone (los vampiros también pueden ser cools)  Eve contacta con Adam acordando finalmente su reencuentro al cabo de dos días y dos noches, es decir, dos vuelos nocturnos  — suponemos que son los inconvenientes de ser vampiro y no tolerar el sol  — en su singular casa americana en Detroit.

 

SÓLO LOS AMANTES SOBREVIVEN
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A partir de aquí todo comenzará a complicarse debido a la visita inesperada de la hermana pequeña y muy traviesa de Eve, Mia Wasikowska (Stoker, Alicia en el País de las Maravillas) que entre petacas de sangre, conciertos de rock y músicos melenudos terminará por meter a los jóvenes amantes vampiros en un buen lío.

Hasta aquí se podría decir que la película camina con pausa pero a buen ritmo, sobre todo de guión, más o menos entretenido, coherente y con una detallista base histórica importante que siempre refleja la edad de los protagonistas (haciendo menciones a la Edad Media, a escritores y dramaturgos históricos e incluso a músicos y compositores clásicos) todo ello con sus propios modales y costumbres antiguas más propias del siglo de oro que de la actualidad (ese «Mi señora» que se repite varias veces) lo cual da en ciertos momentos un halo de mayor credibilidad y profundidad a los personajes.

 

SÓLO LOS AMANTES SOBREVIVEN Crítica
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Pero el film peca de cierto tedio a partir de la segunda mitad, sobre todo para los espectadores más impacientes que se sentirán como en un bucle lento e inconexo que no lleva a ningún lado —os recordamos DE NUEVO que es un film de Jim Jarmusch así que este aspecto es marca de la casa— a pesar de que en su globalidad la película presenta una visión bastante coherente de lo que debería ser una persona con cientos de años de antigüedad, cincelada por el conocimiento abrupto del paso de los siglos en multitud de campos (música, muebles, instrumentos musicales, historia, sonidos, etc.) y con un propio código, como el de mantener su condición en secreto, beber sangre lo más pura posible – y mejor si es sin matar a nadie acordando extraños negocios con farmacéuticas- y llamar a los humanos “zombies” una curiosidad, pues a lo largo de toda la cinta nunca se menciona la palabra humanos sino que ésta es reemplazada por zombies.

 

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Los humanos son los zombies para los vampiros, algo que en un principio puede resultar chocante y divertido tiene su sentido si miramos a la humanidad con los ojos de la eternidad, seres que para los vampiros ya están muertos, pues su breve vida nunca será comparable a su eterna muerte.

No obstante la película comienza a caer en una hélice de caos en la última mitad. Unas escenas las cuales se antojan algo incoherentes y sin sentido, por no hablar de una resolución que en realidad no es tal y que deja al espectador algo frío en estos últimos momentos, sobre todo después de la profundidad a la que nos ha sometido la pareja a lo largo del todo el metraje.

 

SÓLO LOS AMANTES SOBREVIVEN Crítica
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En definitiva, “Sólo Los Amantes Sobreviven” nos muestra a unos vampiros más humanos que los propios humanos, eternos y vividores, caóticos e improvisadores pero también intuitivos, densos y opacos. Una película no recomendada a aquellos que se ponen nerviosos con escenas lentas o diálogos en espiral. “Sólo Los Amantes Sobreviven” es sobre todo una oda a la eternidad tranquila, un canto al cine peculiar del señor Jarmusch y un grito a la más pura libertad. Un total libre albedrío vampírico.

 

Jess Ty

8/10

 

 

 

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